La benjamina de la alta gastronomía valenciana ha entendido el futuro de la cocina mejor que nadie. A sus 31 años presenta un menú que huye de los artificios para dirigirse a lo esencial: el sabor de los platos. Parece obvio, pero no lo es. La cocina de autor se construye hoy en día a golpe de discurso. Como si de arte conceptual se tratara, el cocinero pone todo el acento en el origen de su inspiración, en el mensaje que encierra el plato o incluso en la vajilla sobre la que reposa. Todo muy bien explicado por el camarero no sea que nos despistemos y nos pase desapercibido un ápice de la genialidad del chef. Victoria ha sabido leer el del cliente hacia ese postureo (tan artificial e impostado) y estiliza su menú para hacerlo más directo, más sencillo y más cercano. Los camareros se callan para dejar que el sabor de los platos hablen por sí solos.