El libro del año no es tanto un libro como un cataclismo. La despiadada crónica de un abandono familiar y una bola de demolición arrojada con saña contra las familias fundadas en el terror totalitario y la violencia estructural. Un libro duro y áspero que, en un delicioso quiebro del destino, media Italia ha leído este verano bajo la sombrilla después de recibir el premio Strega, el más prestigioso de las letras transalpinas.