En las escarpadas cumbres de La Gomera, a más de 1.300 metros sobre el nivel del mar, se libra una batalla silenciosa y hermosa contra los elementos. Es el escenario de la viticultura heroica, un lugar donde las viñas se aferran a laderas imposibles y beben directamente de la esencia de la isla. Aquí, en los Altos de Chipude, Gloria Negrín actúa como guardiana de un legado ancestral, transformando la niebla, el suelo volcánico y una uva milagrosa en una botella de vino que regala en cada sorbo el corazón húmedo del Parque Nacional de Garajonay.

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