A Tania Álvarez le gustaría recuperar el cuaderno que, en los 90, jovencita, utilizaba para dibujar vestuarios. Era meticulosa, muy colorista. Tenía diseños que bien podrían encajar en los proyectos que hoy dirige. Por aquel entonces, dedicarse a ello parecía inalcanzable. Pero, tras 20 años de carrera, ojo, el tiempo la ha puesto en su lugar. “En mi familia nadie se dedicaba a ello. Me gustaba todo lo que tenía que ver con las manos. Así que decidí estudiar Publicidad por la mañana y Diseño por la tarde. Comía en el metro”, cuenta. Ahora, rodeada de tijeras, bocetos y prendas, a punto de grabar el próximo episodio de La Promesa, aquel esfuerzo resulta hasta tierno. Si la pequeña Tania viera en lo que se convertiría, quizás, por qué no, hubiera confiado mucho antes en ella.