Maduresa fue el tinto con el que los vinos de la DO Valencia abrieron una nueva etapa hace casi un cuarto de siglo. Un vino que resumía la pureza de un territorio formado por el triángulo mágico de La Font de la Figuera, Moixent y Fontanars dels Alforins con el que el joven Pablo Calatayud reivindicaba el valor de unos viñedos que dibujaban un bucólico paisaje conocido entonces como la ‘toscana valenciana’ y rebautizado posteriormente como Terres dels Alforins, sello que años después se convertiría en un colectivo formado por todas las bodegas que desarrollan sus proyectos en esta zona del interior de la provincia de Valencia. La finura, elegancia y complejidad de Maduresa y su cuidada puesta en escena (con una etiqueta diseñada por el valenciano Dani Nebot) convirtió al primer tinto de Celler del Roure en todo un icono del vino valenciano.

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