Una versión distinta de ‘Dahomey’ se conformaría con ser una crítica al legado del colonialismo y un llamada a los poderes imperialistas para que mejoren sus mecanismos de reparación a las antiguas colonias, pero la nueva película de Mati Diop es mucho más, algo más vasto y complejo de lo que sus 68 minutos de metraje sugieren, y dotado de soltura mágica al moverse de lo metafísico a lo mundano y fundir lo poético con lo político. Mientras contempla la repatriación a su legítimo hogar -el territorio africano hoy llamado Benin- de 26 de los 7000 objetos que los franceses expoliaron del reino de Dahomey en 1892, funciona a la vez como detallado documento del traslado de esos tesoros, febril discusión sobre el significado de ese proceso y cuento de fantasmas sobre una estatua que cobra vida y, con una voz surgida de los túneles del tiempo, reflexiona sobre su doloroso exilio y su desconcertante regreso a casa.