El miedo fue la gran ocupación de la vida de Paul Naschy, un tipo culto y singular considerado el introductor del cine de terror en nuestro país a finales de los sesenta. Alguna vez comentó que la primera película de ‘miedo’ que vio, a los seis años, era en realidad apta para todos los públicos, ‘Blancanieves y los siete enanitos’: “Fue en el cine Palacio de la Música. Me llevó mi madre. Iba con pantaloncitos tiroleses y cuando salió la bruja malvada me hice pis”. También contaba a quien quisiera escucharlo que se enamoró del cine tras una proyección de ‘Frankenstein y el Hombre Lobo’ (1943), y que de niño recorrió el Madrid más siniestro de la posguerra de la mano de su tío materno: “Íbamos a los cementerios y me obligaba a reflexionar sobre la muerte. Tenía una latencia romántica muy fuerte y me regalaba libros de Bécquer y Espronceda. Me llevaba a la Ciudad Universitaria. Aquel paisaje lleno de trincheras, nidos de ametralladoras y edificios agujereados como un queso gruyère se me quedó grabado en la memoria”.