En la secuencia de apertura, la abuela del título asegura que reza a los seres sagrados. Junto a sus hijos y nieto, come en el cementerio, sentada junto a la lápida de los familiares muertos. Pero las tradiciones terminan aquí. No es de extrañar que este filme tailandés haya pasado el primer corte para la carrera de los próximos Oscars, en la categoría de película internacional. No tiene nada que ver con el cine de Apichatpong Weerasethakul, el tailandés más internacional vía festivales. Es un filme dramático y cómico a partes iguales, de raíz eminentemente popular, pero realizado según los modos occidentales.