Xàbia es el primer amor. Xàbia es también la infancia. Está claro que su paisaje infinitamente azul («el gran azul» ha sido el lema de la última campaña promocional) cautiva. Pero la singularidad turística de este pueblo es más difícil de explicar. Xàbia crea apego. Los visitantes no se sienten turistas, sino que, de alguna forma, desarrollan un vínculo afectivo con los paisajes, la historia y, sobre todo, con los vecinos y vecinas.