La producción australiana ‘Memorias de un caracol’ es una fábula tan cruel como optimista sobre dos personajes que difieren del mundo establecido. Son los mellizos Grace y Gilbert. Su madre falleció tras el parto. Su padre había hecho precisamente pequeños filmes ‘stop motion’ de estética idéntica a la de la propia cinta, pero, parapléjico tras un accidente, se pasa el día dormitando con un libro en su regazo y un vaso de licor a su lado. Gilbert sueña con ser artista callejero en París, tiene tendencias pirómanas y lee ‘El guardián entre el centeno’ y ‘El señor de las moscas’.

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