Decía Gia Coppola que no imaginaba a otra actriz que no fuera Pamela Anderson para interpretar a la protagonista de su tercer largometraje. Esto conlleva desventajas y ventajas. Anderson, con todo lo que arrastra desde que fuera vigilante de la playa televisiva, puede llegar a desvirtuar el filme: nos fijamos demasiado en ella, en la forma en que interpreta por fin a un personaje ‘real’, en su imagen carente de maquillaje, en su ruptura con el tributo a la apariencia física. Al mismo tiempo, nos sorprende una interpretación tan ajustada en un personaje tan difícil. Gia Coppola se lo ha jugado a cara o cruz. Y ha salido cara.

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