Después de encadenar significativos batacazos comerciales, a J. J. Abrams le tocaba bajar de los cielos a los que se había encumbrado, descendiendo al polvo de una carretera que atraviesa el desierto. El camino elegido tiene olor a gasolina y goma quemada de los neumáticos en el asfalto, como si volviera a sus esencias. Es la hora de Duster.