Menos de un año después del ‘Nosferatu’ de Robert Eggers llega a las pantallas el ‘Drácula’ de Luc Besson, que si tiene un referente claro, al menos en sus primeros 20 minutos, ese es el ‘Drácula’ que dirigió Francis Ford Coppola en 1992: el mismo tono atormentado-romántico con el príncipe Vlad llorando la muerte de su amada Elisabeta, idéntico cromatismo exacerbado y la venganza aocalíptica del guerrero convertido ahora en vampiro en 1480. Besson añade antes unos planos se sexo fogoso entre los dos amantes y después una atractiva percusión por un campo nevado repleto de trampas para lobos.

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