Este primer largometraje de ficción del director y también actor Iair Said tiene un buen arranque. El protagonista, encarnado por el propio cineasta, se ha tomado unos tranquilizantes antes de coger el avión porque tiene pánico a volar, pero como el vuelo va a salir con varias horas de retraso, la medicación le hace un efecto no deseado aún en tierra. De este modo, entre sonámbulo y zombi, llega a Buenos Aires muchas horas después y reencuentra a toda su familia. El punto de partida no es excesivamente original. David, el personaje en cuestión, regresa de Europa a su ciudad natal para asistir al funeral de su tío.