El aroma a tierra mojada, encina, castaña y bellota impregna el aire de las dehesas de Salamanca, Extremadura y Andalucía. Es un olor que se entrelaza con la tradición y, en este caso, con la fuerza inquebrantable de cuatro mujeres, dos de las cuales, viudas que, tras la pérdida de sus maridos, decidieron seguir adelante y reinventarse abrazadas a un legado familiar y un oficio ancestral: la crianza del cerdo ibérico de bellota para la producción de jamones, paletas y embutidos de una calidad excepcional.