Guillermo del Toro, el aclamado director mexicano conocido por obras maestras como El laberinto del fauno o La forma del agua, no solo se ha ganado un lugar en el cine de fantasía y terror, sino que también es un cinéfilo empedernido. Sus referencias cinematográficas abarcan desde clásicos de Hollywood hasta joyas de directores contemporáneos, y recientemente confesó cuál es la película de David Fincher que, según él, no deja de ver año tras año: Seven.
El propio Del Toro ha descrito esta obra de Fincher como “perfecta”, una frase que resume tanto la maestría del director estadounidense como la influencia que ha tenido sobre su propia visión del cine. La fascinación de Del Toro por Seven no se limita a la historia o al guion, sino que abarca aspectos técnicos como la fotografía, el ritmo narrativo y la construcción de la tensión. Según el cineasta mexicano, cada re-visionado le permite descubrir nuevos detalles que había pasado por alto en ocasiones anteriores, desde pequeños guiños visuales hasta decisiones de montaje que intensifican la sensación de inquietud y suspense.
Seven, estrenada en 1995, es un thriller oscuro que sigue a dos detectives interpretados por Brad Pitt y Morgan Freeman mientras investigan una serie de asesinatos inspirados en los siete pecados capitales. La película combina un guion intenso con una atmósfera opresiva y una dirección impecable, elementos que, para Del Toro, la convierten en una obra maestra del cine contemporáneo. La manera en que Fincher logra mantener al espectador al borde del asiento, explorando los rincones más oscuros de la mente humana, es un ejemplo perfecto del tipo de narrativa que Del Toro admira y busca replicar en su propio trabajo.
Más allá de su aprecio por la dirección y el guion, Del Toro también ha elogiado el diseño de producción de Seven. La ciudad gris y lluviosa en la que se desarrolla la historia, los decorados meticulosamente construidos y la iluminación que marca cada escena son aspectos que, según él, elevan la película a otro nivel. Para un director que siempre ha mostrado interés por los mundos fantásticos y las atmósferas densas, esta atención al detalle resuena especialmente y refuerza su conexión con la obra de Fincher.
El impacto de Seven en Del Toro también se refleja en su influencia a la hora de abordar proyectos propios. En varias entrevistas, el mexicano ha mencionado que su manera de construir la tensión, de combinar elementos de horror con drama humano, tiene raíces en el aprendizaje adquirido al estudiar películas como esta. La forma en que Fincher utiliza la narrativa visual para intensificar la emoción, sin necesidad de efectos especiales exagerados, es algo que Del Toro ha incorporado a su estilo cinematográfico, equilibrando siempre la fantasía con la verosimilitud de sus personajes y escenarios.
Además, Del Toro ha destacado la habilidad de Fincher para trabajar con actores y obtener actuaciones memorables, un aspecto que él mismo valora enormemente en sus rodajes. La química entre Pitt y Freeman, la intensidad de Kevin Spacey y la construcción de personajes que resultan creíbles y aterradores a la vez son, para Del Toro, lecciones de dirección que merecen ser revisadas una y otra vez.
La confesión de Del Toro también revela algo sobre su propia relación con el cine: la búsqueda constante de perfección y la admiración por quienes logran contar historias de manera impecable. Para él, volver a ver Seven no es solo un ritual personal, sino una fuente de inspiración que alimenta su creatividad año tras año. Cada visionado se convierte en un recordatorio de cómo el cine puede impactar, asustar y emocionar al mismo tiempo, algo que Del Toro intenta lograr en cada proyecto que dirige.