En un rincón ajardinado del distrito madrileño de Chamartín, lejos del bullicio pero en el epicentro de la gastronomía mundial, se esconde un templo del sabor y la conversación: la Botillería y Fogón de Sacha. Al frente, con su inseparable sombrero y su coleta, está Sacha Hormaechea (Madrid, 1962), un cocinero que es el alma de una casa heredada de sus padres, Carlos y la irrepetible Pitila, quienes la abrieron en 1971.

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