Pese a ser menos productivas, o precisamente por ello, las viñas viejas son el mayor patrimonio para una región vitivinícola. No siempre fue así. Hace décadas se arrancaban para introducir nuevas plantas más jóvenes y vigorosas, pero por fortuna hoy en día está constatado que esos racimos de cepas más viejas se traducen en vinos más estructurados, con un perfil complejo y bien definido.