“Aquí, apenas existo…. Aquí, soy quien yo quiera ser”. Son algunas de las primeras palabras que nos dirige el protagonista de ‘Maldita suerte’, voz en off mediante, y no tarda en quedar claro que lo que pretende con ellas no es tanto convencernos a nosotros como engañarse a sí mismo. Después de todo, ¿quién en su sano juicio querría ser lo que él es, alguien que se mueve en un estado permanente de frenesí al borde del resquebrajamiento físico y mental? “En el centro de toda adicción, sea esta al juego o el alcohol o de cualquier otro tipo, hay una incapacidad para convivir con uno mismo”, afirma Colin Farrell acerca de su personaje en la película, que ahora se incorpora al catálogo de Netflix tras su paso por festivales como Toronto y San Sebastián; en ella, ataviado con un bigotito, una colección de trajes coloridos y un pañuelo alrededor del cuello, el actor irlandés ofrece una nueva exhibición de poderío actoral empapada de sudor y puntuada por gritos y vómitos. “Ser adicto te convierte en alguien esquizofrénico porque, para poder mantener tus comportamientos, tienes que esconderlos mintiendo todo el tiempo a todo el mundo, empezando por ti”.

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